Fulgor de luciérnagas / Glow of fireflies

Icaro (IX)

La cara del cielo era lánguida. Corría un viento fresco que si te descuidabas te penetraba al cuerpo. Me puse un polo, camisa de franela y una polar. Miramos el mapa y enrumbamos al Jardín Botánico y no perdíamos de vista al lago Le Léman, es una inmensa cocha que engalana la ciudad. El agua me relajaba. El autobús no se detuvo hasta la misma puerta del jardín. Los árboles estaban trajeados de color naranja/amarillo que contrastaba al color tristón del cielo. Como guiados de la mano de los sueños nos detuvimos en la entrada del invernadero tropical. Sonja miraba que mis ojos se iluminaban. Saltaba de contento dentro de mí. En el invernadero habían reproducido ese ecosistema tropical, se escuchaba la grabación del cántico de un paucar. Ella cámara en mano retrató a unas Victorias regias [le pusieron ese nombre por una reina inglesia, que crueldad e ironía]. Yo seguía a mi aire hasta toparme con una vitrina con semillas de plantas de la floresta y la más sobresalía era la Hevea brasiliensis. Sí, el caucho. Mi corazón se llenó de congoja y alegría al mismo tiempo, me mojaba de contradicciones, esas emociones pendulares raspaban mi conciencia. Era albardear mi memoria. Aquí en Ginebra y echados sobre el jardín.

 

 

 

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